martes, octubre 02, 2007

Oda al Mar de Neruda




Pablo Neruda

Premio Nobel de Literatura 1971





ODA AL MAR


AQUÍ en la isla

el mar

y cuánto mar

se sale de sí mismo

a cada rato,

dice que sí, que no,

que no, que no, que no,

dice que si, en azul,

en espuma, en galope,

dice que no, que no.

No puede estarse quieto,

me llamo mar, repite

pegando en una piedra

sin lograr convencerla,

entonces

con siete lenguas verdes

de siete perros verdes,

de siete tigres verdes,

de siete mares verdes,

la recorre, la besa,

la humedece

y se golpea el pecho

repitiendo su nombre.

Oh mar, así te llamas,

oh camarada océano,

no pierdas tiempo y agua,

no te sacudas tanto,

ayúdanos,

somos los pequeñitos

pescadores,

los hombres de la orilla,

tenemos frío y hambre

eres nuestro enemigo,

no golpees tan fuerte,

no grites de ese modo,

abre tu caja verde

y déjanos a todos

en las manos

tu regalo de plata:

el pez de cada día.


Aquí en cada casa

lo queremos

y aunque sea de plata,

de cristal o de luna,

nació para las pobres

cocinas de la tierra.

No lo guardes,

avaro,

corriendo frío como

relámpago mojado

debajo de tus olas.

Ven, ahora,

ábrete

y déjalo

cerca de nuestras manos,

ayúdanos, océano,

padre verde y profundo,

a terminar un día

la pobreza terrestre.

Déjanos

cosechar la infinita

plantación de tus vidas,

tus trigos y tus uvas,

tus bueyes, tus metales,

el esplendor mojado

y el fruto sumergido.


Padre mar, ya sabemos

cómo te llamas, todas

las gaviotas reparten

tu nombre en las arenas:

ahora, pórtate bien,

no sacudas tus crines,

no amenaces a nadie,

no rompas contra el cielo

tu bella dentadura,

déjate por un rato

de gloriosas historias,

danos a cada hombre,

a cada

mujer y a cada niño,

un pez grande o pequeño

cada día.

Sal por todas las calles

del mundo

a repartir pescado

y entonces

grita,

grita

para que te oigan todos

los pobres que trabajan

y digan,

asomando a la boca

de la mina:

"Ahí viene el viejo mar

repartiendo pescado".

Y volverán abajo,

a las tinieblas,

sonriendo, y por las calles

y los bosques

sonreirán los hombres

y la tierra

con sonrisa marina.

Pero

si no lo quieres,

si no te da la gana,

espérate,

espéranos,

lo vamos a pensar,

vamos en primer término

a arreglar los asuntos

humanos,

los más grandes primero,

todos los otros después,

y entonces

entraremos en ti,

cortaremos las olas

con cuchillo de fuego,

en un caballo eléctricos

altaremos la espuma,

cantando

nos hundiremos

hasta tocar el fondo

de tus entrañas,

un hilo atómico

guardará tu cintura,

plantaremos

en tu jardín profundo

plantas

de cemento y acero,

te amarraremos

pies y manos,

los hombres por tu piel

pasearán escupiendo,

sacándote racimos,

construyéndote arneses,

montándote y domándote

dominándote el alma.

Pero eso será cuando

los hombres

hayamos arreglado

nuestro problema,

el grande,

el gran problema.

Todo lo arreglaremos

poco a poco:

te obligaremos, mar,

te obligaremos, tierra,

a hacer milagros,

porque en nosotros mismos,

en la lucha,

está el pez, está el pan,

está el milagro.




Pablo Neruda

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