viernes, octubre 26, 2007

La poesía es la condición del hombre de Mery Sananes a próposito de la muerte de Juan Sánchez Peláez

Juan Sánchez Pélaez
Poeta, traductor y profesor venezolano nacido en Altagracia de Orituco, Guárico, en 1922. Gracias a la pureza y brillantez del lenguaje, está considerado como el iniciador de la poesia contemporánea venezolana. Su primer libro, «Elena y los elementos» en 1951, lo hizo merecedor al tí­tulo de Doctor Honoris Causa Universidad de los Andes, conviertiéndolo en una importante referencia dentro del panorama de la lí­rica hispanoamericana.Se desempeñó como agregado cultural de Venezuela en Colombia, Chile y Francia, estadí­as que le permitieron madurar su formación literaria. Siempre próximo al surrealismo, supo asimilar el legado formal del célebre movimiento liderado por André Breton, para construir una poesí­a personalí­sima y caracterí­stica.Por la obra «Rasgos Comunes» se le otorgó el Premio Nacional de Literatura 1976. Publicó además las siguientes obras: «Animal de Costumbre» en 1959, «Filiación Oscura» en 1966, «Un dí­a sea» en 1969, «Por cuál causa o nostalgia» en 1981 y «Aire sobre el aire en 1989.Falleció en el año 2003.




LA POESÍA ES LA CONDICIÓN DEL HOMBRE

¿Está herida de muerte la poesía porque un poeta se fue a habitar el país de los silencios? No. El poeta no se va, apenas se transmuta. Como queda el hombre, siempre, en la pupila amorosa de quien toma en sus manos su palabra para sembrarla en nuevos solares con el sueño de que la tierra toda, un día sea purito reverdecer.

La poesía, si vamos a su esencia, tiene que ver con esa condición de ser hombre, que aún no alcanzamos. Poesía es vida. La vida de una humanidad que da vida al hombre y que no lo sepulta. Verso es todo suspiro que el hombre deletrea ante aquello que lo conmociona y asombra. Poema es el vivir del hombre cuando no hiere de muerte la vida.

Algo que transcurre anónima y silenciosamente, como el crecimiento de una planta, la combustión de una estrella, el paso de la neblina a la llovizna.

PERO NO HA NACIDO AÚN EL HOMBRE-POESÍA

Pero ocurre ciertamente que aún no hemos llegado a ese estadio del hombre en el cual se hace hombre-poesía de verdad. Apenas hemos iniciado un tránsito desesperado donde toda devastación ha sido posible. Despojado de su propia identidad, el hombre queda abandonado en medio de una muerte que tiene todas las dimensiones y hendiduras.

Y entonces la vida, que acampa en las flores, las hojas, las noches, los pájaros y las colinas, deshabitada del hombre como está, se convierte en una especie de estrellita fugaz que apenas se divisa. Rayito de luz que de pronto se enciende. Palabra que naufraga hacia los confines de otros significados. A veces se detiene en un corazón y lo nutre y alimenta, para que se haga huella y cántico, lágrima o silencio arrebatado a la fiesta de los bosques.

Entonces se levanta una voz solitaria, dibujando cabriolas en el aire, haciendo temblar los muros, buscando andenes hacia otras primaveras.


EL POETA NO HACE AUSENCIA DE MUERTE

No es que nazca un poeta, es que de pronto en ese corazón, la poesía que está en cada uno de los habitantes de este planeta, se vuelve verbo en su garganta. Y nace un poema, que no es hechura de un hechizo, sino laborioso andamiaje de un sueño colectivo que adquiere el arrebol de un atardecer único e insustituible.

Juan Sánchez Peláez, en su silencio magistral, es uno de ellos. Y su vivir fue fraguar diminutos metales con las palabras para que se hicieran guijarros en la movilidad de un río. ¿Cómo, quien nombra los dones del hombre, habrá de marcharse alguna vez?

No será nunca su ausencia la que hiera de muerte la vida, sino quienes no sepamos reconocer sus señales. No en la palabra sino en el vivir. No se trata de convertirnos en poetas sino de avanzar hacia la condición de ser hombres.

POR ESTA HORA QUE ES AHORA

Allí estará Juan Sánchez Peláez habitado por sus caballos, sus lechuzas, su Malena, sus prados y vergeles, de la mano poblada de luciérnagas de Mateo, junto a la ardilla de alquimia de Vicente Gerbasi, los cielos que dibujan claridades en la casa de César Moro, en los jeroglíficos que teje su memoria, en el paraje del fruto vano y el acíbar, franqueando la línea de su desarrollo, en la perplejidad de las cosas en vigilia, en la piel de fósforo de sus nudillos, en la gran araña del viento y la helada flor de los umbrales.

Y en esos umbrales Juan Sánchez se pregunta: ¿qué armadura nos sostiene y lleva? Y responde: sólo yo tengo resplandor propio cuando no pierdo el curso del río, cuando no pierdo su verdadero sol. Por esta hora que es ahora. Y por eso nos son urgentes en verdad, las sílabas hechas de praderas y vergeles, para que ningún muro le ponga solapas a los amaneceres.

POETA DE ESTÍO Y MANANTIAL

Y para esa tarea recolectora no le hace falta al corazón más verde que el que nos regalan los verdes pájaros del atardecer. Para alcanzar la pureza del estío y el canto del manantial /sobre los pinos en una hora alta de paz y alegría.

¡Salud poeta!

Mery Sananes / 2003

No hay comentarios.: