jueves, septiembre 06, 2007

Un texto de Girondo

Oliverio Girondo
Poeta argentino, (Buenos Aires, 1891- 1967)




Espantapájaros





No se me importa un pito que las mujeres


tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;


un cutis de durazno o de papel de lija.


Le doy una importancia igual a cero,


al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco


o con un aliento insecticida.


Soy perfectamente capaz de soportarles


una nariz que sacaría el primer premio


en una exposición de zanahorias;


¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible
- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.


Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!


Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,


tan locamente, de María Luisa.


¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo


y sus miradas de pronóstico reservado?


¡María Luisa era una verdadera pluma!


Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,


volaba del comedor a la despensa.


Volando me preparaba el baño, la camisa.


Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...


¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,


de algún paseo por los alrededores!


Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.


"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,


ya me abrazaba con sus piernas de pluma,


para llevarme, volando, a cualquier parte.


Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia


que nos aproximaba al paraíso;


durante horas enteras nos anidábamos en una nube,


como dos ángeles, y de repente,


en tirabuzón, en hoja muerta,


el aterrizaje forzoso de un espasmo.


¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,


aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!


¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...


la de pasarse las noches de un solo vuelo!


Después de conocer una mujer etérea,


¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial


entre vivir con una vaca o con una mujer


que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?


Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender


la seducción de una mujer pedestre,


y por más empeño que ponga en concebirlo,


no me es posible ni tan siquiera imaginar


que pueda hacerse el amor más que volando.


Oliverio Girondo

2 comentarios:

Tarántula dijo...

Me encanta ese poema, es el que está en el lado obscuro del corazón, al principio, que no he visto la peli pero un amigo me la contó y me dijo que era genial y a él le gustaba tanto que me recitó el poema y yo lo busqué, que nota, chao, ahora sí dejo de hurgar en tu blog. Adío.

Leonardo Melero dijo...

Tarántula, gracias por tomarte tu tiempo visistando mi blog, entra cuando quieras!
No dejes de buscar El lado oscuro del corazón parte 1 y El lado oscuro del corazón parte 2
Te prometo que el fin de semana te retorno la visita!
Saludos!