miércoles, septiembre 01, 2010

Para desnudar a una mujer


Para desnudar a una mujer





Para desnudar a una mujer no hace falta penumbra


ni pericia ni astucia


de nada valen erudición destreza brusquedad


ni siquiera sabiduría


Para amanecer a su lado


poco importa el arrojo el valor


la treta o la artimaña


de nada sirven apostura o tenacidad


no hay método ni sapiencia ni sistema que puedan vencer su resolución


o su mesura



Para desnudar a una mujer toda presunción es inútil


toda voracidad resulta amarga


todo discernimiento se vuelve melancólica penuria


Para desnudar a una mujer basta el instante


en que el ciego misterio la envuelva y la estremezca


y restaure en su pecho la incordura


y sepulte su cuerpo en nuestros brazos




Gustavo Pereira

3 comentarios:

Alí Reyes H. dijo...

La mujer es un misterio, pero es lo mejor de la vida

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La entrada acerca de "cuando vinieron por los comunistas" es pertinentísima para la Venezuela de la actualidad, y más luego de la muerte de ese valiente que se llama Franklin Brito

Ophir Alviárez dijo...

Te cuento una anécdota? Sentada en el piso de la Universidad de Antioquia entre muchos estudiantes, llueve y los poetas se acomodan en una esquinita donde apenas cae una brisa húmeda. En la mesa Gustavo Pereira, Andrea Cote, una chica colombiana, un poeta gringo, Bob Holman, un italiano-suizo, Fabiano Alborghetti y un francés medio rapero. Leen en orden, hay un silencio que se puede cortar, los aplausos lo rompen y llega Gustavo con ese poema. A mi lado, un "sardino" no puede evitar la emoción, no le gusta la poesía, se quedó por la lluvia y embelesado escucha, sonríe, se transporta y se rinde ante los versos como todos, como tantos, como yo ahora al recordar el momento, como al reconocer la sabiduría de los años, de la voz, ahí, así, cerquita...

Lo tengo grabado, creo. luego te lo paso. Gracias por la evocación, cuando llegue el turno de reseñarlo en mis notas sobre el Festival, me parece que contaré la misma historia.

Besos!

Ophir

Leonardo Melero dijo...

Exquisita anécdota Ophir.
Un beso.
Leonardo